Fulgencia, mi abuela, vivía en el puerto de la Luz de Las Palmas con sus padres y hermanos, cerca de Manuel Becerra, en una casa terrera de un piso a la que se llega por unas escaleras y tenía las ventanas altísimas. Fulgencia tenía un hermano que se llamaba Ramón que luego murió en la guerra. Vivía por allí tambien un tal Ramón que tenía una hermana a la que Pancho, mi abuelo, estaba echando los tejes. El escribió una nota y se la dio a un chiquillo para que tocara a la pretendida para ver si quería salir con él. El chiquillo se equivocó y fué a casa de mi abuela. Cuando el niño tocó Pancho, mi abuelo, puso el grito en el cielo- que allí no era, que era en la otra casa. El chiquillo fue a salir corriendo pero no le dio tiempo porque mi abuela salió y cogió la nota para ver lo que era. Mi abuelo dijo:
-Ya, perdone que a usted no era, que el chiquillo se equivocó- pero cuando vio a mi abuela, el reflejo del pelo en el espejo de la entrada, largísimo y rubio, y estaba sin pintar, que estaba peinándose, pero según el estaba divina. Entonces mi abuelo le pidió salir con ella y ella lo vaciló. Pero ya mi abuelo se olvidó de la hermana del otro Ramón y siguió a ver si Fulgencia hablaba con él. Total que mis abuelos se conocieron porque porque tengo un tio abuelo materno que se llamaba Ramón.
Begoña Perdomo._
-Ya, perdone que a usted no era, que el chiquillo se equivocó- pero cuando vio a mi abuela, el reflejo del pelo en el espejo de la entrada, largísimo y rubio, y estaba sin pintar, que estaba peinándose, pero según el estaba divina. Entonces mi abuelo le pidió salir con ella y ella lo vaciló. Pero ya mi abuelo se olvidó de la hermana del otro Ramón y siguió a ver si Fulgencia hablaba con él. Total que mis abuelos se conocieron porque porque tengo un tio abuelo materno que se llamaba Ramón.
Begoña Perdomo._
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